La barba del signore Ludovico, la barba  del cavaller Floïd

La barba del signore Ludovico, la barba del cavaller Floïd

El Hombre ya se afeitaba en la Edad de Piedra. Pasaron los milenios. En el Antiguo Egipto se impuso el afeitado total pero en Mesopotamia se lucían barbas cuidadísimas, rizadas, perfumadas; símbolo de sabiduría y respetabilidad.

El gran guerrero y estadista inmenso Alejandro Magno ordenó a sus tropas que llevaran las suyas afeitadas para evitar que los enemigos les agarrasen de ellas y les derribasen.

Siguieron pasando los siglos. la Europa refinada consideró, de pronto, la barba adorno propio de bárbaros y paganos y por un tiempo los barbados se arriesgaron a la excomunión

Una era sucedió a otra y la barba se convirtió en señal de Revolución. ‘Barbudos’ se llamó a Fidel, al Che y a todos los guerrilleros cubanos que derrocaron a Batista.

Hoy, el movimiento hipster ha traído consigo la pasión por la barba bien cuidada, bien cortada, bien tratada, bien nutrida. Vuelven los barberos de antes con la tecnología del siglo XXI. Se abren barberías en todas las ciudades.

Antaño los hombres se herían el rostro al afeitarse porque lo hacían con cuchillos y arpones. Ahora las cosas han cambiado. Mucho y para bien. Digamos que ya empezaron a hacerlo en 1908, cuando signore Ludovico Martelli fundó en Florencia el embrión de lo que en esta segunda década del XXI es la gran casa Proraso, que en su escudo de armas reivindica ‘Aiuta chi si rade’, Ayuda a quienes se afeitan. Y a quienes los afeitan. Barberos de todo el orbe como Petra que tiene su barbería en Amsterdam (en la calle Willem de Zwijgerlaan 6815). O como Tommy, del Guns Salon neoyorquino, que en su local rinde homenaje al maestro islandés que en Brighton le enseñó los secretos del oficio yreivindica la leyenda de las barberías de Chicago.

Son profesionales fieles a Proraso. Sus historias, bellísimas, se cuentan mediante videos exquisitos en la web de la marca, proraso.com.

En 1948, el pequeño laboratorio de los Martelli, formuló una crema para antes y después del afeitado que revolucionaría el mundo de la barbería. Tanto que pronto los periódicos de Italia empezaron a llamarla la crema miracolo.

Pasan las décadas. La investigación no cesa. Hoy Proraso es uno de los gigantes del mercado. No solo por su loción aftershave formulada con aceites esenciales de menta y eucalipto más un toque de cítricos sino también por sus espumas, sus champús, sus bálsamos. Amén de por sus estuches de afeitado completo, su línea reparadora de la piel, enriquecida con extracto de aloe vera y vitamina E. Por sus cepillos militares de barba, sus navajas profesionales, sus chaquetas de barbero. Por esas brochas suyas de pelo de tejón o buenas cerdas fabricadas por Vielong S.L, empresa fundada en 1940 por un magnífico artesano, Juan Bautista Julián, valenciano y del barrio de Ruzafa, autor de auténticas obras de arte en lo que a eso, a brochas y maquinillas de afeitar se refiere…

Proraso, gigante que no olvida la tradición. Con esas cremas de manteca de cacao o de karité, con esos jabones de té verde y avena. Y por los consejos que los grandes profesionales de la barbería ofrecen a los que empiezan. En esa su web cuidada tan y mimada.

Pero, seguro segurísimo que los abuelos, los padres, los tíos, los hermanos más mayores de los barberos de este 2020 y de los barbados de este Tercer Milenio usaban otro producto. Otro producto casi mitológico: Floïd, formulado en 1932 por Haugrom Cientifical, S.A, empresa catalana de cosmética y perfumería que por aquel entonces era propiedad de Joan Baptista Cendrós i Carbonell, a quien se llegó a conocer como El cavaller (‘caballero’) Floïd; ahora leyenda, mercado y realidad pertenecen a Ludovico Martelli.

Joan Baptista Cendrós i Carbonell

Joan Baptista era empresario, catalanista, mecenas, ayudó a exiliados, descubrió talentos como el del escritor Terence Moix, rescató editoriales, fundó bancos y la fábrica en la que durante décadas se elaboró Floïd fue, aunque hoy esté desaparecida, un excelso ejemplo de la arquitectura industrial racionalista, obra del arquitecto Eusebi Bonai i Puig.

Floïd mantiene en las estanterías de medio mundo su famosísimo aftershave y masaje ‘Mentolado vigoroso’. Pero también afronta los nuevos gustos y la búsqueda de nuevos placeres con una loción suave y un Floïd ‘Black’. El de siempre derrama fragancias añejas, eternas. Se dice que cuando una mujer se pone unas gotas de Chanel Nº 5, el caballero que la acompaña haría bien en aplicarse otras tantas de mentolado vigoroso. Combinación perfecta de aromas y recuerdos…