Tu boca me sabe a…

Tu boca me sabe a…

… ¡Menta! Pero espera, no. No, no es menta. Tu boca me sabe a ¡Jazmín! ¿Y ahora? Ahora tu boca me sabe a ¡Canela! ¿Pero qué pasa? Has dejado en la mía un aroma a ¡Jengibre! Qué va, qué va ¡A regaliz! Tus besos vuelven a saberme a menta. Pero no siempre a la menta clásica. Tu sonrisa desprende aromas de menta casi acuática, casi fría. De menta bastante fuerte, casi caliente. De menta tan poderosa que seguro actúa sobre tus dientes dejándolos blancos como el marfil…

Me han besado bocas que sabían a mirra. A limón. A salvia. A granada pero no a ninguno de esos sabores que noto en tus dientes cuanto te beso o me besas ahora.

Son los sabores impactantes, cremosos, intensos de Marvis, la elegante, irónica e icónica marca de pasta dentrífica creada por alquimistas de este siglo XXI en los laboratorios de la compañía de cosméticos Ludovico Martelli, instituida en 1908 en La Toscana, en Florencia. Marvis, una locura. Una locura cuidadosamente estudiada, investigada, testada que asombra tanto a científicos como a los más veteranos comerciantes; a quien usa cualquiera de los siete sabores como a los artistas de medio mundo que inspirándose en el logo de la marca han creado carteles, láminas, símbolos o viñetas.

Siete sabores. Deliciosa y delicadamente picantes unos, divertidos otros, irresistibles todos. Pero sin olvidar la función primera y última de una pasta de dientes: cuidar, proteger, limpiar, blanquear, sanar, refrescar. El sabor, largo, es importante pero mucho más prevenir la caries, evitar la gengivitis, actuar de barrera contra el sarro.

Pero mientras que la pasta en sí está pensada y formulada para esa lucha, el aire de juego, de tentación; el estilo retro-vintage se apodera del tubo, de la caja que lo contiene y de la etiqueta. También de los expositores que contienen los siete sabores de Marvis. En ellos luce, reluce y deslumbra sobre fondo negro una calavera festoneada de brillantes. Sí, justo como la que en 2007 crease Damian Hirst, aquella que, siendo como era de platino, llevaba incrustados 8.601 diamantes y cuyo valor se estimó por aquel entonces en 72 millones de euros.

Marvis. Distribuido en las mejores perfumerías de este país (y de Portugal) por Vielong que, aparte de representar por toda Iberia marcas internacionales de gran fuste y tradición, lleva 75 años de profunda experiencia y dedicación en el universo de la fabricación artesanal de herramientas y cosméticos para el hombre. Su penúltimo lanzamiento, la colección Nördik, con brochas exquisitas de pelo de caballo y tejón o fibras sintética de gran absorción y suavidad.

Marvis: Classic Strong: exuberante. Jazmín: notas florales y provocación a los sentidos. Jengibre: en el catálogo de Martelli y en el de Vielong la describen tal que hipnótica, seductora y apasionada. Nadie pensó (sólo en Florencia por primera vez) que la menta al unirse con el aromático, picante y fuerte  Zingiber officinale pudiera crear un sabor tan explosivo y vital. Amarelli Licorice ,: pporque el regaliz no es solo cosa de niños. Ni tampoco es su raíz, de sabor anisado y agridulc,e únicamente ideal para tisanas digestivas. La Glycyrrhiza glabra, puede resultar realmente sensual si en un laboratorio de Fiesoli, en La Toscana, la mezclan con menta y crean uno de los sabores favoritos de los clientes de Marvis-Vielong. Aquatic Mint: la menta más fresca, tanto como la brisa. Cinnamon: el tubo de pasta de dientes donde la menta juega con la canela. Whitenning Mint: ahí donde el aroma de la menta dura y dura y dura.

Siete sabores. Los más modernos. Puro III Milenio. Hace 4.000 años los egipcios se limpiaban los dientes con una mezcla de piedra pómez pulverizada, salpimienta, agua, uñas de buey, cáscara de huevo y mirra. Pasaron los siglos. Otros pueblos usaron tiza y carbón de leña, también pulverizado. Nos hemos limpiado los dientes con bicarbonato. Con ramitas de hinojo silvestre. Con mondadientes hechos con la corteza del árbol de té. Con rascadores tallados en plata. Hoy es el momento de pertenecer al Marvis Collective (visiten la web de Vielong para ello…). Ahí exhiben sus creaciones inspiradas en los siete sabores gentes como el artista visual Rutger Paulusse o el ilustrado Sebastian Köning.

Pero antes de visitar sus colecciones, procedamos a un delicado enguaje bucal con el deliciosamente provocador colutorio Classic Strong Mint. Y después abramos la pestaña más atrevida del catálogo. En ella se presenta el estuche de los tres sabores más arriesgados y modernos de Marvis. Bajo el epígrafe Wonders of the World encontramos Marvis Royal, Marvis Karakum y Marvis Rambas. Si los pruebas, tu boca me sabrá a lima, tangerina, cardamomo, naranja y trópico. La menta siempre estará presente en tu sonrisa.

Marvis, unas cuantas maravillas del mundo.